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Un total de 25 iniciativas fueron seleccionadas en la convocatoria de los Fondos 2026 del consorcio Ciencia e Innovación para el Futuro, integrado por la Universidad Mayor, la Universidad de Atacama, la Universidad Autónoma de Chile y la Universidad de Tarapacá.
Adjudicados durante agosto, los proyectos corresponden a distintos instrumentos orientados a fortalecer la investigación aplicada, la innovación y el emprendimiento, el desarrollo de proyectos de titulación y la movilidad académica y estudiantil. Sus temáticas recorren distintas áreas del conocimiento y buscan responder a desafíos presentes en los territorios donde se emplazan las universidades del consorcio.
“El balance es muy positivo y da cuenta de la consolidación de estos instrumentos a partir de los aprendizajes de convocatorias anteriores. Durante 2026 se adjudicaron 25 iniciativas, considerando investigación aplicada, innovación y emprendimiento, tesis y movilidad académica y estudiantil. Destacaría especialmente su diversidad disciplinar, su orientación hacia desafíos concretos en ámbitos como agricultura, medioambiente, tecnología y salud, y la capacidad de articular las fortalezas de las cuatro universidades del consorcio”, señala la doctora Karina Bravo, coordinadora académica del doctorado en Ciencias Aplicadas y Gestión de la Vicerrectoría de Investigación y Doctorados de la Universidad Autónoma de Chile y lideresa del eje de vinculación con el entorno socioeconómico del consorcio.
“En este proceso, vamos avanzando progresivamente hacia la consolidación de un ecosistema de innovación colaborativa con dimensión territorial”, añade.
Investigación aplicada a desafíos concretos
Los proyectos adjudicados permiten observar cómo las capacidades científicas y tecnológicas de las universidades comienzan a vincularse con problemáticas provenientes de distintos sectores y territorios.
Las iniciativas abarcan ámbitos como agricultura, medioambiente, minería, gestión y tratamiento de aguas, salud, biotecnología, energía y economía circular, entre otras áreas. Esta diversidad da cuenta de uno de los principales énfasis de la convocatoria: impulsar investigación aplicada que pueda contribuir a abordar desafíos productivos, ambientales y sociales desde las capacidades instaladas en las universidades del consorcio.
“Los proyectos adjudicados abordan problemáticas concretas, entre ellas bioinsumos agrícolas, tratamiento de aguas y relaves mineros, economía circular y soluciones biotecnológicas. Esto refleja una investigación aplicada que busca conectar las capacidades científicas de nuestras universidades con necesidades productivas, ambientales y sociales de los territorios, avanzando progresivamente hacia una mayor colaboración con empresas y otros actores del entorno”, explica Bravo.
Esta vinculación se expresa también en la participación y colaboración con actores externos, fortaleciendo la conexión entre la investigación universitaria y las necesidades del entorno socioeconómico.
De la investigación a nuevas soluciones
La convocatoria incluye también iniciativas que buscan avanzar desde el conocimiento científico hacia nuevas soluciones, desarrollos tecnológicos y propuestas con potencial de transferencia o emprendimiento.
Los proyectos seleccionados se encuentran en distintas etapas de desarrollo y responden a desafíos provenientes de diversos ámbitos productivos, ambientales y sociales. A través de los fondos, los equipos podrán avanzar en sus investigaciones, fortalecer capacidades y generar condiciones para proyectar sus resultados hacia nuevas etapas.
“Esperamos seguir fortaleciendo esa trayectoria. Estos fondos buscan generar una primera oportunidad para acelerar investigaciones, validar resultados y fortalecer equipos y colaboraciones. Nuestra expectativa es que posteriormente puedan proyectarse hacia fondos nacionales de mayor envergadura, nuevas publicaciones, transferencia tecnológica, emprendimientos científicos u otras formas de continuidad. Más que cerrar un proyecto, nos interesa que la ejecución permita abrir una siguiente etapa de desarrollo”, afirma Bravo.
La experiencia de convocatorias anteriores ya ha mostrado el potencial de estos instrumentos para dar continuidad a investigaciones y fortalecer su proyección. En años previos, iniciativas apoyadas por el consorcio han avanzado posteriormente hacia fondos nacionales de mayor envergadura, consolidando a estos instrumentos como una plataforma para impulsar nuevas etapas de investigación e innovación.
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Movilidad para conectar capacidades
Junto con los proyectos de investigación, innovación y emprendimiento, la convocatoria considera fondos de movilidad académica y estudiantil, orientados a generar vínculos y fortalecer la colaboración entre las instituciones que forman parte de Ciencia e Innovación para el Futuro.
Estas iniciativas permiten que académicos y académicas, equipos de investigación y estudiantes desarrollen actividades en otras universidades del consorcio, favoreciendo el intercambio de conocimientos, el acceso a nuevas capacidades y la generación de redes de colaboración en distintas áreas científicas y tecnológicas.
Para Carlos Ardiles, director ejecutivo de Ciencia e Innovación para el Futuro, este instrumento permite generar vínculos académicos y estudiantiles dentro del consorcio, complementando los fondos dirigidos a investigación, innovación, emprendimiento y titulación.
“Este año tuvimos 25 fondos adjudicados de diversas zonas territoriales. En el norte en Arica y Atacama, en la zona sur en Temuco, en la zona centro en Talca y Santiago. Desarrollan distintas áreas del conocimiento como ciencias agrícolas, ciencias naturales, ingeniería y ciencias médicas, promoviendo principalmente las problemáticas territoriales con estudiantes, con un foco en la ciencia y con una promoción de las I +D+i+e”, señala Ardiles.
Capacidades y redes que permanecen
El impacto que busca generar la convocatoria no se limita a la ejecución de cada proyecto. Para el consorcio, uno de sus aportes es también la posibilidad de fortalecer equipos, generar nuevas redes y conectar a equipos de investigación, comunidad académica y estudiantes con otros actores.
“Destacaría especialmente la generación de capacidades y redes. Estos instrumentos permiten articular investigadores, académicos y estudiantes de distintas universidades, favorecer nuevas colaboraciones y vincular la investigación con desafíos del entorno. Ese proceso también contribuye a consolidar un ecosistema de innovación colaborativa con dimensión territorial, donde las capacidades, vínculos y aprendizajes generados puedan proyectarse más allá de cada iniciativa individual”, explica Bravo.
Los instrumentos incorporan, además, acciones orientadas a fortalecer el liderazgo femenino y favorecer una participación más equilibrada de hombres y mujeres. De acuerdo con Ardiles, los fondos contemplan puntaje adicional y acciones dirigidas a promover este equilibrio entre quienes participan de las iniciativas.
La convocatoria 2026 se desarrolla, además, en una nueva etapa para Ciencia e Innovación para el Futuro, en la que el consorcio busca consolidar los instrumentos construidos durante los años anteriores y profundizar su contribución a la investigación, el desarrollo, la innovación y la transferencia.
En paralelo, el equipo comienza a mirar también cómo evaluar el impacto que estas iniciativas pueden generar una vez finalizada su ejecución.
“Además, estamos avanzando en evaluar de manera más sistemática el impacto de estas iniciativas, considerando aspectos como la continuidad de las colaboraciones, la adopción de soluciones, las capacidades instaladas y su contribución a los territorios. En esa misma línea, estamos evaluando sistematizar y publicar esta experiencia como una buena práctica que pueda aportar aprendizajes para otras iniciativas de investigación aplicada e innovación”, concluye Bravo.
Los 25 proyectos adjudicados comienzan así una nueva etapa en la que el desafío será transformar el financiamiento recibido en investigación, soluciones, capacidades y vínculos que puedan continuar desarrollándose más allá de cada iniciativa.